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El día que me despidieron Imprimir

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Soy bueno para la contabilidad. Me formé como contador auditor y siempre tuve buenas calificaciones. El problema fue que después de unos años de trabajo en una empresa, una “crisis de presupuesto” le pegó a la empresa y me tuvieron que despedir. Aún me pregunto qué habría pasado si hubieran despedido a otro y no a mi…

Después de buscar trabajo durante un par de semanas y darme cuenta de que era muy en serio el asunto de la crisis, entendí que podría pasar mucho tiempo más antes de encontrar un nuevo empleo. A fin de mes tendría que pagar las cuentas de siempre. Con el dinero de la liquidación, más algunos ahorros que tenía reservados (para el auto que pensaba comprar) podría sostenerme uno, tal vez dos meses... necesitaba trabajo, pronto.

Me pregunté si no podría empezar yo mi propia empresa de contabilidad. Hablé con algunos amigos que trabajaban como independientes y les pregunté cómo llevaban ellos su contabilidad. Un doctor, dos dentistas y un abogado, cada uno de ellos contrataba a un contador distinto y a todos le pagaban más o menos la mitad de lo que me pagaban a mí (cada mes) cuando trabajaba como empleado.

El asunto es que dos de mis amigos me dijeron que estaban dispuestos a que les llevara la contabilidad… ya tenía casi el mismo sueldo que ganaba antes. Claro, al principio me costó organizarme para llevar la contabilidad completa, pero cuando ya le tomé el ritmo al asunto, trabajaba muchas menos horas y ganaba como rey.

Lo mejor de todo fue cuando empecé a ganar clientes. Les cobro menos que otros contadores, mi sistema de trabajo ya está “estandarizado” para varios clientes y a fin de cuentas tengo que reportarle a mis clientes y a nadie más. Esto sí es vida. Creo que voy a buscar uno 3 o 4 clientes más y ya.

Casi puedo decir: ¡Que buen día aquel en que me despidieron!

 

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